Pareja: Kazemaru x Endou
Tipo: yaoi
serie: inazuma eleven
advertencias: lime
Promesa, castigo, soledad y al fin… amor
La tarde estaba gris, como en los últimos dos años, el mar parecía que no se calmaría, como en los últimos dos años, como en sus ultimas vidas, se alcanzaba a ver un castillo, oscuro, gris, frio… desolado, si entrabamos en el lograríamos ver al rey y a la reina aun sentados en sus tronos, congelados, a los sirvientes limpiando… simples estatuas colocadas estratégicamente para tratar de darle un aire vivo al castillo… pero como dar aires vivos si todos estaban muertos…todos excepto el.
Si seguíamos caminando dentro del castillo, oscuro, lúgubre, terrorífico, veríamos algo que daba luz en el…parecía imposible pero lo era, un hermoso ángel, mas o menos tenia unos 15 años, cabellos azules, ojos ámbar, piel blanca como la nieve y labios rosados, totalmente hermoso, lo mas parecido a la perfección era Ichirouta Kazemaru.
Estaba con su túnica blanca, una de las miles que tenia en el armario, de miles de formas con miles de detalles pero todas blancas, todas estaban hechas para hacerle parecer un ángel, para confirmarle que alguna vez lo fue.
Solo había una persona viva en ese lugar y ese era este ángel, si quería algo se lo traía el mismo, saludaba a las personas hablaba con su padres… siempre estaban en el trono, siempre le ignoraban, siempre mirando a sus súbditos, siempre hechos estatuas.
Sus sirvientes estaban siempre atentos, siempre esperando ordenes, siempre cumpliéndolas pero el no necesitaba de ellos, solo eran estatuas sin vida, solo estaban estratégicamente colocados en el castillo para servir a todos, a todos menos a él porque, nada podía llenar el vacio que habitaba en su alma, nada podía llenarlo no aun, no sabia que le faltaba, no lograba recordar su rostro pero si el aroma de su piel, sabia perfectamente que cuando lo viera lo reconocería con solo posar sus ojos en los de él.
Y hace dos años… sus padres de esta época siempre andaban atentos de su pueblo siendo los mejores reyes, dando fiestas y banquetes, simples estatuas, Kazemaru no necesitaba de ellos, no necesitaba del pueblo por que el pueblo le había arrebatado a sus padres…y muchos dirán ellos son los que pueden llenar su vacio, no ellos ya no lo llenaban faltaba algo mas, algo que nadie sabia que era algo que tal vez jamás podrían encontrar.
Y es que Kazemaru había llamado a su propia ruina, un día sin saberlo había evocado a Frimost el demonio de la destrucción, este había azotado al castillo, ¿pero porqué paso? Kazemaru se lleno de odio, de rencor, el ángel blanco se volvió negro, oscuro, terrible… ya dije antes el pueblo le arrebato a quienes mas quería y los sirvientes solo eran estatuas hechas para obedecer…marionetas, él estaba solo…completamente solo, desde siempre.
Leyendo un libro en la biblioteca, un oscuro martes, encontró a este demonio, leyó sobre el y lo recordó, su verdugo cumplidor de castigos e inconscientemente lo evocó, como todas las veces anteriores y deseo que todo se nublara, que todo en la tierra se dañara, que sus padres pusieran atención a el… por primera vez en su vida quería que le atendieran y no le tuvieran como el adorno de la torre.
Y así llego la ruina, así sus padres se hicieron estatuas, así todo estaba oscuro, así el castillo que había sido magnifico en sus tiempos se marchito, así el había convertido todo en lo que realmente era….simples estatuas, todo se cuidaba por el, eran sus creaciones, todo estaba lleno a ese olor a cera que recubría los cuerpos que los trataba de mantener vivos cuando estaban muertos.
Hace dos años era igual, hace 15 años todo era igual, hace 3 vidas todo era igual, ahora lo único que no hacían era moverse si no estar hay, ahora los adornos del castillo eran ellos, pero el seguía solo, desde el principio de todo…el siempre había estado solo.
El sabia que el demonio estaba con el… aunque se sintiera solo, el estaba hay, riéndose…nada había solucionado con llamarlo, nada había cambiado, o tal vez si…ahora todo lo que estaba en su corazón era real, ahora las estatuas eran de verdad estatuas, juguetes de carne y hueso, muertos, llenos de cera, y a su corta edad los creo, 13 tenia en esos tiempos, en los tiempos en que todos empezaron a desaparecer, o a dejar de hablar por que jamás habían estado vivos, jamás habían dejado de ser marionetas, ni siquiera sus padres de esta época, todos eran sus marionetas y aun así, el vacio seguía ahí.
Todos los martes habían tormentas, rayos, el castillo se tambaleaba pero el ángel ya tenia eso de costumbre, al demonio le gustaba hacer que su casa sonara, que las paredes chillaran, que los muertos hablaran, los martes era su peor castigo por que todos dejaban de ser de cera para hablar y reír, para hacer estorbo, para culparle de la miseria, para maldecirlo por la eternidad, castigo injusto, ahora que todos sabían que el tenia la culpa de sus muertes y se levantaban de sus puestos para recriminarle, pero… cuando era él el adorno ¿Quién alguna vez se le acerco a hablarle para decir que se había equivocado o quería escucharlo decir que había aprendido hoy en sus lecturas?...nadie absolutamente nadie.
Cansado de su soledad, en la que había habitado sus 15 años de vida, en la que extrañaba sus anteriores vidas estando junto a él, soledad vuelta realidad gracias a un demonio en los últimos dos, en las vidas anteriores, así desde que el había renunciado al paraíso, desde que encomendaron al demonio hacer valer el castigo, decidió salir al jardín, colorido y esperanzador… para alguien que no estuviera tan solo, para alguien que no sintiera que su corazón estaba partido y se habían robado una pedazo de el.
Y con su rostro de ángel adornaba de nuevo el castillo, jamás dejo de ser más que eso, solo unió a demás personas a que lo hicieran también. Un joven príncipe lo vio… y de inmediato se enamoro del ángel… pero, ¿no que la ciudad estaba totalmente desolada desde hace dos años? Parecía que no por que el ángel que se le presentaba a sus ojos se notaba vivo… vivo pero a la vez muerto, aunque sus pulmones funcionaran y su corazón latiera, estaba muerto, estaba muerto por el vacio de su alma.
El chico vestido de blanco vio al apuesto príncipe, cabello castaño y ojos cafés, moreno, alto y con una banda en la frente, era algo raro de ver, solo, igual que el, no había tenido contacto visual nunca con alguien, ni siquiera con sus padres y una vez lo tuvo con esta persona algo en su alma se ilumino, algo decía que el era la pieza que faltaba.
Y el moreno, al ver al ángel se derritió completamente, era la pieza que había buscado por tanto tiempo, hacia ya tres años que empezó su viaje por el mundo y dio a parar a la costa, al castillo más magnifico de todos tan solo para comprobar si todos los habitantes realmente se habían congelado.
Pero al parecer no, allí estaba el ángel y una vez juntos sonrieron, por primera vez en esta vida Kazemaru había sonreído, lo invito a su castillo y conto su historia, Endou no podía creer que tanto había hecho esa persona frente a el, pero no por eso le perdería, no estaba dispuesto a perder a quien le había llenado el vacio de su existencia con tan solo verle a los ojos.
Solo basto un roce de manos para confirmar que eran el uno para el otro, solo falto que se vieran a los ojos para saber que tenían que entregarse allí mismo, una caricia para confirmarlo y un beso para empezar todo de nuevo, estar juntos para recordar cuanto se habían amado y cuanto seguían haciéndolo, y por primera vez en dos años había ruidos en el cuarto del príncipe del oscuro, gris, temible y alguna vez magnifico, castillo.
El demonio había cumplido, el martes era su día, en el que torturaba al ángel y los otros días pasaban congelados por que el no los tocaba, no podía, no le correspondía, ya eran 13 años de tortura para el ángel en la tierra y dos para hundirlo mas en la soledad, ya era hora de desaparecer y dejar que estos dos se completaran, ya era hora de derretir las cera con sus rayos y que el castillo recobrara su vida, por que el ángel al fin se había completado y sus padres aceptarían a quien hiciera sonreír a su hijo, el pueblo cobro vida y todos olvidaron que Kazemaru los había hundido en ruina alguna vez, por que el demonio era sabio y hacia las cosas bien, comprendía perfectamente que dos piezas que encajaban perfectamente jamás volverían a separarse, tal vez en otro tiempo lo harían tal como Kazemaru había prometido en el cielo el día que decidió dejarlo por enamorarse de un mortal, en la otra vida repetirían las cosas y se encontrarían de nuevo hasta el día que estos dos cumplieran la condena de un amor imposible…solo dos vidas más, ese día el demonio dejaría de estar al lado del ángel, dejaría de hacer que la luz blanca del ángel se convirtiera en negra una vez volviera a nacer entre los hombres.
Y así la calma volvió al reino de las olas, ya no mas días tristes, ya no mas castillo terrorífico, todo era paz, calma, las olas se estabilizaron y los rayos que atormentaban al peli azul se fueron, los sirvientes vivieron por fin a los ojos del ángel, ahora la alegría reinaba y el amor imposible daba un fruto hermoso, una chiquilla alegre y saltarina.
Por fin las almas se habían completado, solo dos vidas más y estarían juntas por toda la eternidad.
FIN
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